Mayo, 2026-. La Escuela de Agrobiodiversidad: Huertas Soberanas de Paz y Territorio se inauguró como un espacio de formación, diálogo e intercambio de saberes para mujeres rurales y juventudes de la Región Andina colombiana. Impulsada por Ecotaba y YPARD Colombia, la iniciativa reúne participantes de departamentos como

Tolima, Boyacá, Antioquia, Santander, Norte de Santander, Caldas, Risaralda, Quindío y Huila en torno a la agroecología, la biodiversidad, la memoria y la justicia climática. El proceso formativo busca fortalecer redes comunitarias y promover la construcción colectiva de conocimientos desde los territorios, reconociendo especialmente el papel histórico de las mujeres rurales en el cuidado de las semillas, la alimentación y la biodiversidad. “Uno de los principales aportes que brinda la Escuela es seguir abriendo espacios para dialogar sobre la agroecología, la biodiversidad, las formas en que se perciben los efectos del cambio climático y la construcción de memoria y paz en la región y en Colombia”, señaló  Ana María Algarra, Coordinadora de Ecotaba.

Desde la organización destacan que la Escuela permite amplificar las voces de mujeres jóvenes rurales desde distintos escenarios territoriales y construir puentes entre comunidades, organizaciones sociales y espacios académicos. Asimismo, resaltan el valor de las alianzas construidas con organizaciones y colectivos que fortalecen el tejido social alrededor de la agroecología. Por su parte,la representante de YPARD Colombia enfatizó que el principal aporte de la iniciativa radica en generar oportunidades de participación e incidencia para las juventudes rurales y las mujeres de la Región Andina. “Esta Escuela representa una oportunidad para compartir conocimientos y experiencias alrededor de las huertas comunitarias y los proyectos autónomos de las mujeres rurales, articulando procesos académicos con las realidades de los territorios”, afirmó Rosmery Báez,  Representante de país, YPARD Colombia.

Agroecología, memoria y justicia climática: una apuesta integral

Uno de los elementos diferenciadores de la Escuela es la manera en que conecta temas como agroecología, paz, memoria y justicia climática dentro de un mismo proceso formativo. Para las organizaciones impulsoras, estos temas no pueden entenderse de manera aislada. “No se puede hablar de memoria y construcción de paz sin la agroecología y las huertas comunitarias. Todo está transversalizado por ejercicios de justicia climática y prácticas de conservación de la biodiversidad”, comenta Ana María Algarra, Coordinadora de  Ecotaba. La iniciativa también reconoce el impacto diferenciado que el cambio climático tiene sobre las mujeres rurales y la importancia de fortalecer espacios donde puedan compartir experiencias, resistencias y saberes construidos fuera de la academia tradicional. “La agroecología no es vista únicamente como una forma diferente de cultivar, sino también como una forma diferente de vivir. Aquí hablamos del derecho básico a la alimentación, al agua, a un ambiente sano y a vivir con dignidad en nuestros territorios”, agregaron desde Ana María Algarra, Coordinadora de Ecotaba.

Una escuela construida desde el diálogo colectivo

A diferencia de otros procesos de formación rural o ambiental, la Escuela de Agrobiodiversidad fue diseñada como un espacio horizontal de diálogo y construcción colectiva. El espacio no fue construido desde una lógica de escuela catedrática, sino como un escenario de participación, escucha y aprendizaje conjunto. La metodología incluye sesiones virtuales sobre agroecología, biodiversidad, cambio climático, soberanía alimentaria y memoria territorial, además de masterclass sobre escritura creativa, política agraria y tecnología aplicada a la agricultura. Como cierre del proceso, las participantes podrán encontrarse presencialmente en Victoria, Caldas. La convocatoria tuvo una importante acogida: alrededor de 230 mujeres se inscribieron y 73 fueron seleccionadas para participar en esta edición de la Escuela. Se espera que las participantes puedan replicar lo aprendido en sus comunidades, fortalecer redes territoriales y seguir promoviendo procesos de transformación social desde la agroecología y el trabajo colectivo. “El papel de cada mujer es valioso y el sentido que generan en cada entorno es digno de admirar. Sus esfuerzos, resistencias y persistencias han permitido construir grandes espacios donde puedan contribuir con sus experiencias. El poder de la mujer está en su palabra”, concluyó Rosmery Báez, Representante de país, YPARD Colombia.

Related posts